Audi se querella contra VW: la filial contra la matriz

La crisis derivada del descubrimiento de las irregularidades producidas en relación con los sistemas de medición de emisiones de los coches fabricados por el Grupo Volkswagen presenta para cualquier observador de la realidad económica y empresarial múltiples aspectos de interés. Basta con seguir los medios de información económica y constatar que continúa el goteo de nuevos datos que agrandan el alcance de esas irregularidades (en cuanto a los fabricantes, clientes, mercados, modelos afectados) y que ya empiezan a recoger lo que hace algunos días describía el diario Handelsblatt como un tsunami de litigios. Estos son de todo tipo. Algunos previsibles y otros sorprendentes.

 

En efecto, aunque las informaciones no detallan los hechos y fundamentos jurídicos de la misma, resulta sorprendente el anuncio de la demanda (más bien una querella) presentada por Audi contra Volkswagen ante la Fiscalía alemana competente, que precisamente estaba investigando la responsabilidad de la sociedad querellante en relación con los mismos hechos. La sorpresa no radica tanto en cuál sea el fundamento de la denuncia presentada por Audi, fabricante de más de dos millones de vehículos afectados por los dispositivos irregulares, sino por la propia decisión empresarial. Estamos, como resulta obvio, ante una iniciativa extraordinaria de los gestores de la sociedad filial por la que atribuyen un comportamiento penalmente relevante a su accionista de control (titular de nada menos que el 99,5 del capital de Audi) y a los administradores de éste. Dos sociedades entre las que está en vigor un “Beherrschungs- und Gewinnabführungsvertrag”, según detalla Audi en la página 153 de su informe anual 2014.

 

El Derecho de grupos tiene en la noción de control o de unidad de decisión su formulación elemental y uno de sus rasgos característicos. Uno de los problemas típicos de la existencia de cualquier grupo empresarial es la subordinación de los administradores de las filiales a las instrucciones del accionista de control o de los administradores de la sociedad matriz del grupo. Lo insólito del presente caso es que en uno de los grupos industriales alemanes de referencia, los administradores de Audi parecen haber decidido que resultaba prioritario desmarcarse de la política o responsabilidad del grupo y presentar a Audi como una de las víctimas de hechos irregulares a los que, imagino, la querella presentará como de la exclusiva responsabilidad de la sociedad matriz. No hay mejor defensa que un buen ataque, suele decirse, parece que también en Alemania.

 

El asunto es por lo tanto interesante por extraordinario, más aun cuando se profundiza en la información corporativa y se comprueba que hasta hace unos días el presidente del Vorstand de Volkswagen y el del Consejo de Vigilancia de Audi AG eran una misma persona, el dimisionario Prof. Dr. Dr. h.c. mult Martin Winterkorn. O cuando se advierte que el impacto del escándalo ha hecho que cambien de destino los administradores de las distintas sociedades del grupo, lo que pudiera dar lugar a algo tan llamativo como que alguno de los directivos de la querellante termine ocupando las vacantes producidas en los órganos de gestión, vigilancia y dirección de la querellada.