España: ¿no somos país para emprendedores?

Una de las noticias veraniegas de El Confidencial referida a la valoración por el Fondo Monetario Internacional (FMI) del entorno legislativo y administrativo de la actividad empresarial, sitúa al lector ante una paradoja. La que depara que un Estado cuya legislación se ha caracterizado en los últimos años por una creciente relación de normas que proclaman como impulso esencial para su adopción la consistente en prestar apoyo a los emprendedores vea que aparece (mejor, que se mantiene) en posiciones tristemente destacadas a la hora de poner obstáculos a esa misma actividad.

 

La noticia ofrece sobrados datos de los motivos de esa “distinción” que, más allá del titular y de la actualidad, denuncia algo de mayor y grave calado: que nuestra Economía (que nuestra Sociedad) se desliza imparable hacia la segunda división en todo lo relativo a iniciativa y progreso. Un desplazamiento derivado de la dimensión de nuestras empresas que abona una deficiente productividad y competitividad que, a su vez, nos hace más dependientes de la inversión y de la investigación foránea.

 

Madrid, 18 de septiembre de 2015