Genética y seguro

Desde los primeros momentos en los que se empezó a advertir la posibilidad de avanzar en el exacto conocimiento del genoma humano se subrayaron las implicaciones jurídicas de todo tipo que aquello pudiera tener. Implicaciones que tienen un alcance considerable en todos los órdenes, incluido en el del Derecho mercantil. Me voy a limitar a hacer un apunte a partir de una breve noticia publicada en una reciente edición del Diario Cinco Días que titulada “El Consejo de Europa pide prohibir las pruebas genéticas para seguros”.

 

Se trata de la decisión del citado Consejo llamando la atención sobre el hecho de que el avance en las llamadas pruebas genéticas que permiten de alguna manera prever la aparición y evolución de determinadas enfermedades, se traduzca en aplicar ese conocimiento a la contratación de seguros destinados a la atención sanitaria o a la propia vida de los asegurados.

 

En la contratación de cualquier seguro la determinación del riesgo tiene una importancia capital. Una determinación que nace de la declaración por parte del propio asegurado, y que reconoce al asegurador la posibilidad de obtener todo tipo de información a través de un cuestionario. El problema que atisba el Consejo de Europa es manifiesto: si cabe prever cuál va a ser en función de esos tests genéricos la salud de una determinada persona, ello puede llevar a  considerar que ésta no puede ser objeto de una adecuada cobertura y a que la aseguradora no esté dispuesta a la contratación de la cobertura solicitada.

 

El Consejo de Europa hace una llamada de atención sobre el hecho de la discriminación que puede suscitarse a partir de las características genéticas de cada persona de manera que aquellas que presenten perfiles de riesgo sobre la base de antecedentes familiares o similares, se queden sin determinadas coberturas para ellas o para sus herederos o familiares. Es evidente que estamos ante un problema que tiene un enorme calado y que reclama un mayor desarrollo.