Cartas de patrocinio

Las cartas de patrocinio constituyen una figura contractual con función de garantía que ha sido objeto de reconocimiento jurisprudencial en distintas sentencias a las que se ha unido en época  reciente la STS de 28 de julio de 2015 (RJ 2015, 4899). La contribución jurisprudencial con respecto a la figura siempre es interesante a pesar de su atipicidad y de la relevancia que en relación con las cartas de patrocinio tienen las circunstancias particulares del caso en dos aspectos precisos. El primero es el propio contenido de la declaración que realiza la entidad que emite la carta de patrocinio, que por su variable significado jurídico ha llevado a distinguir entre las llamadas cartas “débiles” y “fuertes”. El segundo aspecto es el relacionado con las vinculaciones societarias existentes entre la entidad firmante de la carta y la sociedad cuyas obligaciones garantiza frente al acreedor destinatario de la misma.

 

Las cartas de patrocinio han sido una creación de la contratación bancaria derivada de las relaciones propias de los grupos de sociedades, de manera que las sociedades más solventes se prestaban a respaldar a sus vinculadas que merecían una menor confianza en el marco de las relaciones financieras.

 

Los términos de la carta

 

La STS de 28 de julio de 2015 acierta al incorporar en su fundamento jurídico primero la transcripción literal de la carta, que facilita una mejor valoración de la posición adoptada por el Tribunal Supremo. Decía la carta:

 

“Muy señores nuestros:

 

Por la presente les confirmamos que tenemos conocimiento de la operación de descuento que por importe nominal de 10.271.594,36 Euros van ustedes a formalizar con D.H.O. el presente día. Les confirmamos que somos accionistas de esta sociedad y somos conocedores de que la citada operación se ha concedido en base a nuestra participación en la misma.

 

Así mismo les confirmamos que, en base a las relaciones que mantenemos con dicha compañía, nos comprometemos frente a ustedes a realizar nuestros mejores esfuerzos, incluido el apoyo financiero, para que D.H.O. cumpla en todo momento sus compromisos con ustedes, y en especial los adquiridos por la citada operación de descuento, con objeto de que ustedes no tengan ningún perjuicio.

 

El presente compromiso permanecerá en vigor en tanto subsistan responsabilidades derivadas de la citada operación de descuento que ustedes formalicen con D.H.O”.

 

La posición del Tribunal Supremo ha sido coincidente con el criterio mantenido por los Tribunales de Instancia a la hora de considerar que la carta implicaba una obligación de garantía a cargo de la entidad de crédito firmante.

 

Efectos obligacionales y alcance del compromiso

 

La resolución del recurso de casación permitió al Tribunal Supremo recordar la doctrina que en relación con esta figura ha venido construyendo a través de la pluralidad de sentencias que cita. En su resolución de los distintos motivos que alegaban la infracción de la doctrina jurisprudencial relativa a dichas cartas, de un lado, o la infracción de distintas disposiciones legales, de otro, el análisis que realiza el Tribunal Supremo parte de establecer los criterios de interpretación de esa declaración y la eficacia obligacional que resultaba de la misma.

 

Resumiendo los criterios del Tribunal Supremo cabe indicar:

 

1.- La carta de patrocinio que persigue contribuir a la obtención de financiación empresarial da lugar a una obligación de resultado frente al acreedor, a quien se garantiza su indemnidad patrimonial.

 

2.- Cabe admitir cualquier marco relacional que justifique la validez de un interés propio, atribución o ventaja del patrocinador en las operaciones financieras proyectadas.

 

3.- La eficacia obligacional de una carta de patrocinio requiere los siguientes presupuestos: i) que la declaración de voluntad contenida en la carta contemple de forma clara e inequívoca el compromiso obligacional de quien la firma; ii) que ese compromiso del firmante de la carta o patrocinador resulte aceptado por el acreedor, ejecutando la financiación proyectada.

 

Dada la literalidad de la carta en el supuesto presente, el Tribunal Supremo consideró que la carta antes transcrita “fue plenamente idónea para la constitución del vínculo obligacional y que dicho compromiso dio lugar a la realización de la operación de descuento bancario proyectado”.

 

Por último, en relación con el alcance del compromiso asumido al emitir la carta, se señala dentro del fundamento jurídico tercero:

 

En efecto, de acuerdo con la doctrina jurisprudencial de esta Sala en orden a la atipicidad contractual y disciplina normativa aplicable, expuesta en la sentencia de 24 de octubre de 2014 (núm. 613/2014), la tipicidad básica de la denominada carta de patrocinio responde a tres criterios de interpretación, claramente concatenados. El primero, relativo a su función negocial, da cuenta de su carácter instrumental respecto de un negocio principal (operación financiera de que se trate) al que acompaña o sirve como una modalidad de garantía personal dentro del marco general de estas garantías. Correlativamente, el segundo criterio, ya en el plano de la normativa o régimen aplicable, concreta que esta función de garantía personal que caracteriza a la carta de patrocinio no se realiza como una proyección o suerte de contrato de fianza sino como una modalidad de garantía personal que, precisamente, excluye la tipicidad y régimen que se deriva de esta figura, de ahí que conceptualmente la carta de patrocinio no pueda quedar embebida o ser reconducida al contrato de fianza o a una mera aplicación analógica de la misma, pues conforme a su tipicidad básica se trata de una modalidad de garantía personal con personalidad propia y diferenciada (STS de 30 de junio de 2005). En consecuencia, tercer criterio de interpretación, el contenido obligacional que se establece en la relación jurídica entre el patrocinador y el acreedor resulta claramente especializado respecto del contenido típico que regula esta misma relación en el contrato de fianza. En efecto, en primer término, porque el patrocinador no viene obligado a ejecutar a favor del acreedor una prestación idéntica a aquélla que adeuda el deudor principal o patrocinado, por la operación financiera llevada a cabo, sino otra de distinta naturaleza y contenido, esto es, una obligación de indemnidad patrimonial respecto del buen fin o resultado de la operación financiera proyectada a cargo del acreedor. En segundo término, porque este cambio en el objeto u obligación garantizada también comporta una clara modificación del régimen típico que en la fianza regula la extensión y alcance de la obligación del fiador desde sus notas de accesibilidad y subsidiariedad; de forma que al patrocinador, en principio, tampoco le resulta aplicable este contenido obligacional expresamente previsto para el contrato de fianza, particularmente, en relación a la extensión máxima de la obligación del fiador y la reclamación legal del exceso, dado que el compromiso indemnizatorio asumido puede ser mayor que la prestación programada, a la aplicación legal del llamado beneficio de excusión a favor del fiador, o a las propias excepciones oponibles al acreedor.

 

En definitiva, del análisis de la tipicidad básica que subyace en la función negocial de esta práctica, y de su naturaleza o autonomía en el marco de las garantías personales, no se infiere, salvo pacto expreso de las partes al respecto, que resulte de aplicación el régimen legal previsto para el fiador en el contrato de fianza”.

 

Como ha sucedido en otras ocasiones, el procedimiento jurisprudencial motivará distintas reacciones doctrinales [v. el artículo ya publicado de Guillén Catalán, R., “La carta de patrocinio, o de confort, a la luz de la STS 440/2015, de 28 de julio”, en La Ley nº 8680 (2016) págs. 1 y ss.; en el próximo número de la Revista de Derecho Bancario y Bursátil se incluirá un comentario a la Sentencia reseñada, realizado por el profesor José Carlos Espigares Huete; y en el Derecho italiano v. Valentini, G. “Lettere di patronage e importo massimo garantito ex art. 1938 c.c.”, BBTC, nº 1 (2016), págs. 34 y ss.].