Nueva Sentencia del Tribunal Supremo sobre cartas de patrocinio

Los repertorios de jurisprudencia son un elemento incuestionable a la hora de poner de manifiesto el uso que en la práctica negocial se hace de determinadas figuras. En el ámbito de las garantías son distintas las contribuciones valiosas que la doctrina jurisprudencial ha hecho, siendo una de ellas la referida al reconocimiento de las denominadas cartas de patrocinio y de los requisitos conforme a los que cabe atribuir a las mismas una eficacia obligacional para su emisora. Son numerosas las contribuciones doctrinales relativas a las sucesivas decisiones del Tribunal Supremo con respecto a la figura. Ilustra de manera actual e interesante esa contribución el comentario jurisprudencial que en el número 143 (2016) de la Revista de Derecho Bancario y Bursátil publica, el Profesor José Carlos Espigares Huete “El desconcierto en la interpretación de las cartas de patrocinio: de una obligación de medios (antes) a una obligación del resultado distinta de la fianza (ahora)”, referido a la STS de 28 de julio de 2015.

 

Dicha Sentencia recobra su interés a la vista de la más reciente STS de 27 de junio de 2016 (JUR 2016, 151139) que vuelve a determinar cuál es la posición jurisprudencial sobre las cartas de patrocinio (a la que dedicaba una entrada el Profesor Luis Cazorla en su blog). En este supuesto los Tribunales de instancia y el Tribunal Supremo compartieron una valoración de dos cartas de patrocinio como “cartas fuertes” que implicaban una obligación de garantía solidaria a cargo de las sociedades firmantes de las mismas.

 

En el resumen de antecedentes de la STS se reproduce una de esas cartas (con contenido idéntico al de la otra carta objeto de enjuiciamiento), lo que facilita el seguimiento del debate y de la doctrina jurisprudencial. Tomo de la Sentencia el contenido de la carta (fundamento jurídico primero):

 

“«[…] Muy Sres. nuestros:

»Hemos sido informados y tenemos conocimiento que ustedes tienen en estudio la concesión de una financiación por un importe total de euros 1.500.000 (en adelante la “Financiación”) a la sociedad MANTENIMIENTO ECOLÓGICO INTEGRAL, S.L., con domicilio en c/ Velázquez, 100, 28006, Madrid, compañía que controlamos y gestionamos al ser accionistas de ellas y, en consecuencia, pertenecer a nuestro grupo. Asimismo, sabemos que es causa determinante para la concesión de la Financiación la suscripción de esta carta de patrocinio por nuestra sociedad. Además, declaramos conocer todos los términos, derechos y obligaciones a contraer por las partes en la Financiación, a todo lo cual prestamos nuestra entera conformidad.

»Les confirmamos que la sociedad CIA GENERADORES Y GRUPOS ELECTRÓGENOS es propietaria de un 9,22% del capital desembolsado de 9.000.000 euros y no tiene intención de reducir dicha participación hasta tanto nuestra filial cancele todas las obligaciones contraídas con Uds. En cualquier caso, nos comprometemos a solicitar al menos con un mes de antelación, su previo consentimiento por escrito a cualquier modificación accionarial en MANTENIMIENTO ECOLÓGICO INTEGRAL, S.L., y en caso de que tal hiciere referencia a una enajenación total o parcial por la que perdiéramos el control efectivo sobre la misma, nos obligamos, como condición previa a su consentimiento, al otorgamiento de garantía suficiente en aquellos términos que sea de su agrado.

»Nos comprometemos, de forma irrevocable, a asegurar a la sociedad MANTENIMIENTO ECOLÓGICO INTEGRAL, S.L. nuestra completa asistencia financiera de acuerdo con la participación que tenemos en la misma, adoptando las medidas necesarias para asegurar que ésta cumpla puntualmente las obligaciones contraídas con su entidad, bien sea mediante la transferencia de fondos necesaria a favor de la misma, o bien realizando cualesquiera otras acciones que produzcan el mismo efecto.’ Este compromiso permanecerá en vigor hasta que nuestra filial cancele todas las obligaciones contraídas con Uds. Asimismo, nos comprometemos de forma irrevocable a que las obligaciones contraídas, o aquellas que pudiera contraer con ustedes en un futuro nuestra filial tendrán prioridad de cobro sobre nuestros créditos frente a la misma.

»j) Finalmente, les manifestamos que CIA GENERADORES Y GRUPOS ELECTRÓGENOS, S.L. ha obtenido todas las autorizaciones internas y consentimientos necesarios para suscribir esta carta de patrocinio a favor de Uds., así como que la misma en modo alguno es contraria a cualquier normativa interna o externa que fuera aplicable a nuestra sociedad, y que la/s persona/s firmante/s en nombre y representación de la misma posee/n los poderes suficientes a tal efecto».

 

Dentro del recurso de casación fueron varios los motivos en los que las dos sociedades recurrentes (las emisoras de las cartas de patrocinio) denunciaban “la infracción de la doctrina jurisprudencial … sobre la naturaleza y alcance de las cartas de patrocinio, con cita de la STS de 30 de junio de 2005”. Frente a la valoración judicial de las cartas de patrocinio analizadas como cartas fuertes, los recurrentes alegaban que se trataba de cartas débiles y en las que, de una interpretación contractual basada en los artículos 1281 y 1282 del Código Civil debiera deducirse que no existía en las firmantes y recurrentes la intención de obligarse. El Tribunal Supremo desestima todos esos motivos.

 

Interesa especialmente subrayar que al determinar la doctrina jurisprudencial aplicable a la figura, la STS de 27 de junio de 2016 comienza señalando que “Con carácter general, la doctrina jurisprudencial de esta Sala ha sido recogida, entre otras, en la sentencia núm. 440/2015, de 28 de julio” que transcribe ampliamente en su fundamento jurídico cuarto.

 

El Tribunal Supremo afirma que las cartas de patrocinio fueron plenamente idóneas para la constitución del vínculo obligacional de las patrocinadoras, siendo ese compromiso determinante para la financiación de la sociedad controlada por las sociedades emisoras. La voluntad de obligarse la aprecia y destaca el Tribunal Supremo a partir del lenguaje utilizado o “formulación técnica empleada”: se decía “nos comprometemos, de forma irrevocable” lo que se acompañaba con otras afirmaciones expresivas de aquella intención. Un segundo argumento destacable conforme a la doctrina jurisprudencial es que del marco relacional de las distintas sociedades (patrocinadoras y patrocinadas) se deducía una inequívoca posición de dominio respecto de la segunda.

 

Por lo que se refiere a la posición a favor de la solidaridad, por la importancia que tiene el razonamiento jurisprudencial interesa reproducir literalmente el párrafo final del fundamento jurídico cuarto de la STS que comentamos:

 

“Por último, y en tercer lugar, también debe concluirse en favor del carácter solidario del compromiso obligacional asumido por las sociedades patrocinadoras. Esta conclusión se obtiene de la clara correspondencia de la interpretación sistemática de las cartas de patrocinio, según lo anteriormente expuesto, con la base del negocio como criterio de interpretación del contrato (entre otras, SSTS núm. 638/2013, de 18 de noviembre (RJ 2014, 2233) y núm. 414/2014, de 12 de noviembre (RJ 2014, 5911)). En efecto, si atendemos a la base del negocio que informó el propósito negocial querido por las partes, observamos que las cartas de patrocinio, conforme a su función de garantía personal, fueron los instrumentos que las partes acordaron para garantizar, en su conjunto, la operación de refinanciación de la deuda de la patrocinada y de su matriz fiadora (participada mayoritariamente por las patrocinadoras) que se llevó a cabo con la concesión del nuevo préstamo. De ahí, el carácter determinante de las cartas sobre la operación crediticia considerada en su unidad y, en consecuencia, el compromiso de las patrocinadoras de cara a garantizar el buen fin de la operación para acreedor, esto es, que la patrocinada cumpla puntualmente las obligaciones contraídas con dicha entidad. Por lo que, en contra de lo argumentado por las recurrentes, la intención de las partes fue claro al respecto, sin que se pueda dar prevalencia a las interpretaciones parciales y literales que se derivan de la referencia a los porcentajes de participación de los patrocinadores en la sociedad deudora, pues son ilustrativas, como expresamente reconocen, de su posición de dominio sobre la misma; a la que aluden, reiteradamente, como «nuestra filial»”.